jueves, 10 de abril de 2014

Cultura de violencia versus Misericordia

La violencia en mi país es el pan de cada día. Entre noticias de asesinatos, secuestros, asaltos, cada día escuchamos, leemos, o vemos mucha violencia. Es una seria enfermedad, sin duda, pero, ¿qué tanto contribuyo a ello? Tal vez yo no me dedico al narcotráfico, a asaltar o robar, pero hay otras formas de violencia que también nos pueden contaminar: incluso puede que ya actuemos así automáticamente porque hemos crecido dentro de este ambiente, y una de las más comunes ahorita es la violencia en las redes sociales (bullying cibernético).
Ayer, se difundió como pólvora el video de un adolescente maltratando un gato en las redes sociales. Ojo: no digo que estuvo bien, porque definitivamente no, estamos de acuerdo en que fue un gran error (y más publicarlo en las redes sociales). Creo firmemente que "denunciar", en el sentido de hacer saber cuando algo no es correcto, está muy bien. Es algo que todos tenemos el deber de realizar, en defensa de múltiples causas. Sin embargo, creo que nuestra manera de denunciar está contaminada de violencia cuando lo hacemos con insultos, con morbo de amarillismo y causar el mal al otro, o si lo hacemos en afan de hacer sentir inferior al otro por haber cometido un error. "Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra".
Es decir: todos cometemos erroes. Quizás la diferencia es que no todos se publican en las redes sociales para el escrutinio de los demás. Recordemos que nuestra dignidad, nuestro valor como seres humanos no depende de nuestros errores (aunque hay personas que crean lo contrario o que se sientan de esa manera), ¡no! Si fuera así, una persona "valdría" más, o valdría menos, por sus actos. Todos, sin excepción, vivimos en modo ensayo/error, porque esa es nuestra naturaleza humana: todos necesitamos aprender cada día a ser mejores. Nadie puede jactarse de que no necesita aprender, y quien lo haga, desconoce la humildad necesaria para reconocer que es tan impefecto como lo somos todos.
Claro, hay muchas clases de errores, lo sé. Pero en general, estamos llamados a tener misericordia, tanto con nosotros mismos como con los demás. Cuando optamos por cerrar esa puerta, nos volvemos parte de esa violencia: juzgamos duramente y practicamente apedreamos a alguien más. Y esto, lejos de mejorar o enmendar una mala acción, siembra aun más malicia entre nosotros, y se convierte en un círculo vicioso que ¡debemos cortar!.
Si nos quejamos de la violencia en nuestro país, tenemos la GRAN responsabilidad de demostrar que no la queremos más empezando por nuestros propios actos. Como cuando a la Beata Madre Teresa le preguntaron "¿qué cambiarías de la Iglesia?", ella, humilde y sabiamente contestó: "Me cambiaría a mí misma". ESO es lo que está en MIS manos: mi día a día. Tal vez no pueda ir ahorita al congreso y cambiar leyes, o irme de misión en este instante a combatir la desnutrición infantil, y tantas miles de cosas que necesitan ayuda. Pero sí puedo luchar contra la violencia siendo un agente de PAZ: desde la manera como me comporto en el tráfico, como le hablo a los demás, como me expreso de mi misma y de los demás, y con los mensajes que trasmito con mi estilo de vida. La paz se elige cada día, en la vida de cada uno: no depende sólo del gobierno ni de los demás.
Si denunciamos lo malo, ¡promovamos también lo que es bueno! Felicitemos a la gente que hace bien su trabajo, que sobresale, que lucha cada día por mejorar, con tropiezos y lo que sea pero siguen luchando, y también a quien reconoce su error y está dispuesto a enmendarlo. Eso también merece nuestra atención y nuestro respeto. Y con eso, también combatimos la violencia.
Es una locura pensar (o escribir) de misericordia, perdón y dar amor en mi país, ¡estoy completamente consciente de ello! Pero estoy convencida que la violencia JAMÁS servirá para corregir la violencia. Y Dios cada día me invita precisamente a eso: a tener esperanza y a apostar por el amor en medio del odio. Y yo, confío en Él. Sé que de Su mano, ¡todo es posible!