Entre algunos "cachibaches" en mi archivo digital, esta tarde encontré a mi antiguo yo. No me recordaba, para nada, de los archivos que tenía ahí. Definitivamente, solía escribir mucho más. Luego, empecé a conversar más y a escribir menos. Pero definitivamente, escribir es tan relajante y liberador, que tuve que volver a hacerlo.
Fue más liberador aun el leer a mi antiguo yo sin vergüenza, sin rencores, con algunas risas de las cosas que vivía en ese entonces (casi diez años atrás). Y también me liberé de cosas que, quizás en su momento me sirvieron, pero ahora ya no tienen razón para permanecer en mi vida, así que "tuve que" borrar tanto archivo, ahora inútil. También fue muy conmovedor leer el discurso de agradecimiento que dije el día de la Misa de Acción de Gracias cuando me gradué. Pasan los días, los meses, los años, y a veces cae bien detenerse un momento y contemplar el camino recorrido.
Me conmovió más aun encontrar una carta a mi novio, hace casi tres años. Una carta escrita con mucha felicidad y alegría, contenta de la relación hasta ese entonces, a pesar de su prematurez. Pero no me emocionó sólo el cariño y la alegría con las que fue escrita: lo que me emocionó fue que se trata de mi ahora esposo, y de cómo ese amor ha madurado y crecido, cómo esa ilusión inicial se ha convertido en un amor tan sólido como para decir y sentir "esto será para siempre, hasta que la muerte nos una más". Ya con esto, siento que vivir, y amar, han valido la pena, cada día, todos los días.
Gracias a Dios por las memorias puestas por escrito. Permiten repasar lo bueno y malo de la vida, lo que se recuerda y lo que se olvida. Y bueno, quizás esto me devuelva a estos rumbos. Tan bonito que es escribir lo que a uno se le de la gana, ¿o no? ;)