Por aquí, por allá... Tantos caminos por recorrer.
Tantas interrogantes y aun más sus opciones para responder.
La vida es un sinfín de alternativas listas para ser tomadas, y nuestra felicidad depende de nuestra elección.
Justo cuando piensas que todo ha llegado a estar en su lugar, Dios te invita a mover todo de nuevo. A explorar opciones, a pensar más allá. Básicamente, a salir de tu zona de confort.
Son varios los escenarios de cómo sería el futuro y no me atrevo a vaticinar. El miedo se asoma con sigilo pero a su vez con fuerte presencia, tan fuerte que me hace dudar, y si se lo permito, me paraliza.
Pero luego, vuelvo a creer, vuelvo a buscar, sigo caminando. Aun sin el camino definido hasta el final, pero por lo menos con los primeros pasos recorridos.
A veces, dar el primer paso basta.
miércoles, 16 de noviembre de 2016
martes, 25 de octubre de 2016
A mi esposo, en nuestros primeros dos años...
Tengo la inmensa bendición de pasar mis días a lado de mi persona favorita. Un caballero que conocí hace ya algunos años y con quien decidimos aventurarnos a este asunto del matrimonio hace apenas 24 meses. Y no es nada como imaginé que sería, o como la sociedad me lo pintó tantas veces. ¡Es demasiado mejor de lo que esperé!
Quizás algunos piensen que llevamos apenas dos años y que aun estamos en la "etapa de luna de miel" como para tener una opinión "objetiva" del matrimonio. Pero no me importa. Hemos pasado tantos cambios fuertes en apenas dos años (los cuales aun estoy asimilando) que no dudo que lejos de perjudicarnos, nos han unido más y han hecho que te ame aun más.
Sabes que soy de la opinión que estamos para vivir plenamente, no para sobrevivir. Que busco tener una buena calidad de vida todos mis días, simplemente porque no sé cuándo será mi último día y no quiero esperar a que llegue "algún día" para vivir como queremos vivir. Y es por eso que le agradezco TANTO a Dios que haya puesto a mi complemento perfecto en mi camino. Que haya escuchado lo que anhelé encontrar, y más que eso, que haya ido más allá para complacerme. Podría morir hoy mismo con la certeza de que he sido plenamente feliz, no solo por haberte conocido, sino por todo lo que somos juntos.
Gracias por siempre impulsarme a ser yo misma, por aceptarme con mi paquete completo de virtudes y defectos. Gracias porque en momentos cruciales de crecimiento no solo estás ahí para mí, sino que eres apoyo incondicional justo de la manera en que lo necesito (*va por la caja de Kleenex...). Gracias por tantas risas, lágrimas y sarcasmo. Por todos tus detalles y el "derroche". Por salir de tu zona cómoda conmigo. Por tus largas horas de trabajo y sacrificio. Por verme de la manera en que lo haces. Por esas tres bendiciones que nos confió Dios para aprender a amar de manera en que jamás lo imaginamos. Por luchar hombro a hombro conmigo para hacer nuestros sueños realidad. ¡De verdad que no puedo pensar en mejor compañero de vida que tú a mi lado!
Mi corazón se ensancha de alegría por el día que celebramos hoy. Me basta con estar a tu lado para ser feliz. Lo que sea, pero juntos, hasta que la muerte nos una más.
Te amo.
Quizás algunos piensen que llevamos apenas dos años y que aun estamos en la "etapa de luna de miel" como para tener una opinión "objetiva" del matrimonio. Pero no me importa. Hemos pasado tantos cambios fuertes en apenas dos años (los cuales aun estoy asimilando) que no dudo que lejos de perjudicarnos, nos han unido más y han hecho que te ame aun más.
Sabes que soy de la opinión que estamos para vivir plenamente, no para sobrevivir. Que busco tener una buena calidad de vida todos mis días, simplemente porque no sé cuándo será mi último día y no quiero esperar a que llegue "algún día" para vivir como queremos vivir. Y es por eso que le agradezco TANTO a Dios que haya puesto a mi complemento perfecto en mi camino. Que haya escuchado lo que anhelé encontrar, y más que eso, que haya ido más allá para complacerme. Podría morir hoy mismo con la certeza de que he sido plenamente feliz, no solo por haberte conocido, sino por todo lo que somos juntos.
Gracias por siempre impulsarme a ser yo misma, por aceptarme con mi paquete completo de virtudes y defectos. Gracias porque en momentos cruciales de crecimiento no solo estás ahí para mí, sino que eres apoyo incondicional justo de la manera en que lo necesito (*va por la caja de Kleenex...). Gracias por tantas risas, lágrimas y sarcasmo. Por todos tus detalles y el "derroche". Por salir de tu zona cómoda conmigo. Por tus largas horas de trabajo y sacrificio. Por verme de la manera en que lo haces. Por esas tres bendiciones que nos confió Dios para aprender a amar de manera en que jamás lo imaginamos. Por luchar hombro a hombro conmigo para hacer nuestros sueños realidad. ¡De verdad que no puedo pensar en mejor compañero de vida que tú a mi lado!
Mi corazón se ensancha de alegría por el día que celebramos hoy. Me basta con estar a tu lado para ser feliz. Lo que sea, pero juntos, hasta que la muerte nos una más.
Te amo.
viernes, 29 de abril de 2016
Si te cansaste de orar a Dios...
Recientemente leí la opinión de un colega quien se expresa cansado de orar a Dios. Cansado y frustrado por tanta corrupción en Guatemala, por la falta de oportunidades para los más pobres, por la falta de acceso a un sistema de salud digno en especial a quien más lo necesita, cansado de buscar remuneración justa por su preparación académica. Cansado de muchas cosas, ha decidido darse por vencido, y manifestar sus pensamientos y sentimientos a través de las letras.
Es válido. Es muy válido para uno como guatemalteco tener todos esos sentimientos y pensamientos derivados de tanta mala noticia que respiramos a diario. ¿Cómo no sentirse así? Sin embargo, me hizo reflexionar, no sólo respecto a mi fe, sino para intentar justificar por qué no estoy de acuerdo con permanecer en esta postura (ojo: digo "permanecer" así, no digo "nunca sentir o pensar" algo negativo sobre mi país, que es muy distinto).
Podría describir mil y una situaciones respecto a lo que esta mal de Guatemala, sé que todos podríamos hacerlo en tan sólo unos segundos: podemos hablar de la política, de la inseguridad, de la violencia, del sistema de educación, de la salud, del congreso, del presidente... Y así, seguir y seguir enumerando problemas y más problemas. Esa es la parte más fácil de vivir en nuestro país, o incluso de ser chapín viviendo fuera: Quejarnos, señalar, juzgar, y finalmente, lamentarnos respecto a lo mal que está todo y todos. Demasiado fácil, ya estamos acostumbrados a ello... Hasta hay comercio en base a ello, ¿o no? Yo les podría describir desde mi perspectiva y mi área de trabajo muchas deficiencias y carencias que he visto, oído, vivido, y seguro cada uno de ustedes podría hacer lo mismo sin mayor dificultad.
Pero, (y ahí viene el "pero") la cuestión es, ¿qué voy a hacer YO al respecto? Desde donde YO estoy, desde lo que hago YO todos los días, con la gente con quienes YO convivo. Este tipo de pensamiento es lo que ha llevado a muchos guatemaltecos y extranjeros a no perder la fe para trabajar en y por Guatemala, a no perder la esperanza, a no perder de vista que, si bien es cierto que no pueden ayudar a los millones de guatemaltecos que existimos, pueden comenzar ayudando a UNO. O quizás dos o tres, o quizás a una familia, o quizás a una pequeña comunidad, o quizás a un pequeño grupo vulnerable, ya sean personas de escasos recursos, o un grupo de personas con una enfermedad o necesidad específica, y así, etcétera, etcétera. Algunos se enfocan en ser buenos periodistas e informar objetivamente y con la verdad; otros en ser buenos bomberos, otros en ser buenos policías, otros en ser buenos ingenieros, otros en ser buenos conserjes... Cada quien con su talento y sus ocupaciones, tiene el deber de intentar ser mejor cada día. ¿No es ya suficiente tarea eso, mejorar algo de uno mismo cada día? Y yo, ¿cuál es mi deber? Mi deber es intentar ser buena en lo que hago: si me toca explicarle a las personas información respecto a su enfermedad, educarlas en salud, motivarlas a tener un estilo de vida sano y a chequearse frecuentemente, pues eso es en lo que me tengo que esmerar. Quizás no pueda darles un sueldo extra para ayudarlos con su situación económica, pero si hago bien MI trabajo, quizás eso ayude a que se puedan prevenir enfermedades en ellos y en su familia. Es sólo un pequeño ejemplo, pero quienes han pensado en grande, ¿a cuántos no han ayudado? ¿Cuántos no se han visto beneficiados por su fuerza de voluntad, por no haberse dado por vencidos? Ahí podríamos enumerar muchos beneficios que los guatemaltecos resilientes han logrado: desde nuestros artistas y deportistas, pasando por muchos héroes anónimos que trabajan en comunidades pobres todos los días, en hospitales, cárceles, escuelas, entidades públicas y privadas, gente que ha creado proyectos con enfoque a servir a los demás, y quienes no han visto a los corruptos y a las carencias como obstáculos, sino como escalones para desafiar y superar. Sí, también hay cosas y gente buena que ha decidido serlo a pesar de todo lo malo que hay.
El colega menciona que tuvo la oportunidad de prepararse en el extranjero y que regresó a su país con mucha ilusión por trabajar, siendo progresivamente desmotivado con los años que ha ido ejerciendo. No sé qué especialidad estudió, cuánto tiempo, ni qué sacrificios hizo para llegar a donde está. Independientemente de ello, eso lo hace el menos del 1% que tiene acceso a educación de ese nivel en nuestro país. Esto no sólo es un privilegio, dadas las circunstancias, sino una gran responsabilidad, no sólo en medicina, sino en cualquier campo.
Las cartas están sobre la mesa: la situación de Guatemala es ésta. ¿Tiene que seguir igual porque "así ha sido siempre"? No precisamente. Soy yo quien decide cómo actuar frente a ello, cada día. De mí depende si me molesta, o me pela. Si en mi metro cuadrado hago algo al respecto, o no. Si me indigna y me mueve la situación del necesitado, o no. Si me dejo contaminar por la corrupción, o no. Si utilizo mis conocimientos para bien, o no. Y así, son muchas las decisiones que tomamos cada día, cada hora, con nuestras acciones. Unos días quizás tomamos mejores decisiones que otros, pero cada día podemos volver a decidir. Y en eso, Dios no se mete. Dios nos ha dado el libre albedrío. Él nos puede sugerir un estilo de vida, pero a la hora de la hora, es cada uno quien decide si tomarlo o no. Por ende, Él no es responsable de nuestras malas decisiones: somos nosotros. Él no es responsable si las personas deciden involucrarse en corrupción, violencia, vicios, etc. Eso es reflejo de la ausencia de Dios en esas vidas, y cada uno es responsable de sus situaciones. Por eso, lo primero por lo que debo preocuparme no son las decisiones de los demás, sino lo que YO decido hacer todos los días de mi vida, conmigo misma y con los demás.
¿Y si te cansaste de orar? Bueno, entonces hay que reflexionar para qué se está orando. ¿No será que es para atribuirle a otros el cambio que debe comenzar en mí? ¿Por exigir de otros lo que yo misma no hago? ¿Porque no he sabido identificar los milagros que hay a diario? ¿O porque creo en un Dios instantáneo y "mágico" que sólo debe hacer lo que yo quiero?... Dios actúa a través de nosotros, lo milagros suceden a través de hombres y mujeres de buena voluntad que son Su instrumento, si lo permitimos. Hace muchos años, le preguntaron a la Sta. Madre Teresa de Calcuta: "¿Qué cambiarías de la Iglesia?" (La taaaan criticada Iglesia...) Y ella, sabiamente, respondió: "Me cambiaría a mí misma". Gran lección en tan simple y corta respuesta. Dios no es el culpable de nuestra pobreza, de la corrupción, la violencia y tantas cosas en nuestro país: las causas son profundas, crónicas y complejas, y son responsabilidad de los seres humanos, precisamente por no tomar en cuenta a Dios en sus vidas.
Así como la corrupción, la violencia, y tantas cosas malas son contagiosas y forman círculos viciosos, también hay círculos virtuosos. De cada uno depende en cuál se quiera participar. Cada uno decide qué hacer con sus virtudes y con sus debilidades. No podemos cambiar a los demás, pero sí puedo trabajar en mí. Guatemala necesita urgentemente personas que estén dispuestas a dar lo mejor de sí mismos, en todo ámbito. De cada uno depende decidir si quedarse con los sabores amargos de nuestra situación nacional, o ser resilientes al respecto. Así que la invitación es esa, y cada quien decidirá cómo actuar.
Es válido. Es muy válido para uno como guatemalteco tener todos esos sentimientos y pensamientos derivados de tanta mala noticia que respiramos a diario. ¿Cómo no sentirse así? Sin embargo, me hizo reflexionar, no sólo respecto a mi fe, sino para intentar justificar por qué no estoy de acuerdo con permanecer en esta postura (ojo: digo "permanecer" así, no digo "nunca sentir o pensar" algo negativo sobre mi país, que es muy distinto).
Podría describir mil y una situaciones respecto a lo que esta mal de Guatemala, sé que todos podríamos hacerlo en tan sólo unos segundos: podemos hablar de la política, de la inseguridad, de la violencia, del sistema de educación, de la salud, del congreso, del presidente... Y así, seguir y seguir enumerando problemas y más problemas. Esa es la parte más fácil de vivir en nuestro país, o incluso de ser chapín viviendo fuera: Quejarnos, señalar, juzgar, y finalmente, lamentarnos respecto a lo mal que está todo y todos. Demasiado fácil, ya estamos acostumbrados a ello... Hasta hay comercio en base a ello, ¿o no? Yo les podría describir desde mi perspectiva y mi área de trabajo muchas deficiencias y carencias que he visto, oído, vivido, y seguro cada uno de ustedes podría hacer lo mismo sin mayor dificultad.
Pero, (y ahí viene el "pero") la cuestión es, ¿qué voy a hacer YO al respecto? Desde donde YO estoy, desde lo que hago YO todos los días, con la gente con quienes YO convivo. Este tipo de pensamiento es lo que ha llevado a muchos guatemaltecos y extranjeros a no perder la fe para trabajar en y por Guatemala, a no perder la esperanza, a no perder de vista que, si bien es cierto que no pueden ayudar a los millones de guatemaltecos que existimos, pueden comenzar ayudando a UNO. O quizás dos o tres, o quizás a una familia, o quizás a una pequeña comunidad, o quizás a un pequeño grupo vulnerable, ya sean personas de escasos recursos, o un grupo de personas con una enfermedad o necesidad específica, y así, etcétera, etcétera. Algunos se enfocan en ser buenos periodistas e informar objetivamente y con la verdad; otros en ser buenos bomberos, otros en ser buenos policías, otros en ser buenos ingenieros, otros en ser buenos conserjes... Cada quien con su talento y sus ocupaciones, tiene el deber de intentar ser mejor cada día. ¿No es ya suficiente tarea eso, mejorar algo de uno mismo cada día? Y yo, ¿cuál es mi deber? Mi deber es intentar ser buena en lo que hago: si me toca explicarle a las personas información respecto a su enfermedad, educarlas en salud, motivarlas a tener un estilo de vida sano y a chequearse frecuentemente, pues eso es en lo que me tengo que esmerar. Quizás no pueda darles un sueldo extra para ayudarlos con su situación económica, pero si hago bien MI trabajo, quizás eso ayude a que se puedan prevenir enfermedades en ellos y en su familia. Es sólo un pequeño ejemplo, pero quienes han pensado en grande, ¿a cuántos no han ayudado? ¿Cuántos no se han visto beneficiados por su fuerza de voluntad, por no haberse dado por vencidos? Ahí podríamos enumerar muchos beneficios que los guatemaltecos resilientes han logrado: desde nuestros artistas y deportistas, pasando por muchos héroes anónimos que trabajan en comunidades pobres todos los días, en hospitales, cárceles, escuelas, entidades públicas y privadas, gente que ha creado proyectos con enfoque a servir a los demás, y quienes no han visto a los corruptos y a las carencias como obstáculos, sino como escalones para desafiar y superar. Sí, también hay cosas y gente buena que ha decidido serlo a pesar de todo lo malo que hay.
El colega menciona que tuvo la oportunidad de prepararse en el extranjero y que regresó a su país con mucha ilusión por trabajar, siendo progresivamente desmotivado con los años que ha ido ejerciendo. No sé qué especialidad estudió, cuánto tiempo, ni qué sacrificios hizo para llegar a donde está. Independientemente de ello, eso lo hace el menos del 1% que tiene acceso a educación de ese nivel en nuestro país. Esto no sólo es un privilegio, dadas las circunstancias, sino una gran responsabilidad, no sólo en medicina, sino en cualquier campo.
Las cartas están sobre la mesa: la situación de Guatemala es ésta. ¿Tiene que seguir igual porque "así ha sido siempre"? No precisamente. Soy yo quien decide cómo actuar frente a ello, cada día. De mí depende si me molesta, o me pela. Si en mi metro cuadrado hago algo al respecto, o no. Si me indigna y me mueve la situación del necesitado, o no. Si me dejo contaminar por la corrupción, o no. Si utilizo mis conocimientos para bien, o no. Y así, son muchas las decisiones que tomamos cada día, cada hora, con nuestras acciones. Unos días quizás tomamos mejores decisiones que otros, pero cada día podemos volver a decidir. Y en eso, Dios no se mete. Dios nos ha dado el libre albedrío. Él nos puede sugerir un estilo de vida, pero a la hora de la hora, es cada uno quien decide si tomarlo o no. Por ende, Él no es responsable de nuestras malas decisiones: somos nosotros. Él no es responsable si las personas deciden involucrarse en corrupción, violencia, vicios, etc. Eso es reflejo de la ausencia de Dios en esas vidas, y cada uno es responsable de sus situaciones. Por eso, lo primero por lo que debo preocuparme no son las decisiones de los demás, sino lo que YO decido hacer todos los días de mi vida, conmigo misma y con los demás.
¿Y si te cansaste de orar? Bueno, entonces hay que reflexionar para qué se está orando. ¿No será que es para atribuirle a otros el cambio que debe comenzar en mí? ¿Por exigir de otros lo que yo misma no hago? ¿Porque no he sabido identificar los milagros que hay a diario? ¿O porque creo en un Dios instantáneo y "mágico" que sólo debe hacer lo que yo quiero?... Dios actúa a través de nosotros, lo milagros suceden a través de hombres y mujeres de buena voluntad que son Su instrumento, si lo permitimos. Hace muchos años, le preguntaron a la Sta. Madre Teresa de Calcuta: "¿Qué cambiarías de la Iglesia?" (La taaaan criticada Iglesia...) Y ella, sabiamente, respondió: "Me cambiaría a mí misma". Gran lección en tan simple y corta respuesta. Dios no es el culpable de nuestra pobreza, de la corrupción, la violencia y tantas cosas en nuestro país: las causas son profundas, crónicas y complejas, y son responsabilidad de los seres humanos, precisamente por no tomar en cuenta a Dios en sus vidas.
Así como la corrupción, la violencia, y tantas cosas malas son contagiosas y forman círculos viciosos, también hay círculos virtuosos. De cada uno depende en cuál se quiera participar. Cada uno decide qué hacer con sus virtudes y con sus debilidades. No podemos cambiar a los demás, pero sí puedo trabajar en mí. Guatemala necesita urgentemente personas que estén dispuestas a dar lo mejor de sí mismos, en todo ámbito. De cada uno depende decidir si quedarse con los sabores amargos de nuestra situación nacional, o ser resilientes al respecto. Así que la invitación es esa, y cada quien decidirá cómo actuar.
miércoles, 13 de abril de 2016
Mis primeros 33
¡Hoy ando con mi corazón más contento que de costumbre! ¡Cumplo mis primeros 33! Mis "primeros" porque espero que Dios me conceda mínimo otros 33 más... Siempre me ha gustado mi cumpleaños: celebrar un año más de vida, recibir tanto cariño, ponerme en contacto con gente con quienes tal vez mi relación ya no es tan cercana pero que han sido importantes en mi vida, celebrar, pasarla bien, ¡¿cómo no va a ser alegre?!
Definitivamente, lo que ha evolucionado es la forma de celebrarlo. Siempre me ha gustado "hacer algo", pero con el tiempo todo ha ido cambiando. Desde las piñatas de la niñez hasta las parrandas de la adolescencia y juventud, hasta ahora las idas a comer. Todo lo he disfrutado, sin duda. No sé si me atrevería a decir que este año me siento más agradecida que antes, pero probablemente sí. Es mi segundo cumpleaños como esposa y como mamá, y eso definitivamente es un MEGA plus. Despertar a lado del amor de mi vida, quien me consiente desde un día antes con sus detalles, y a lado de mi colochita hermosa, ¡definitivamente no tiene precio! Es una felicidad que no se compara con nada, y por la que sólo se puede agradecer humildemente a Dios por haber pensado en uno para realizar un proyecto tan maravilloso como lo es construir una familia.
Nunca he ocultado mi edad ni me he avergonzado por ello. (Yo sé que "nunca digas nunca" pero en este caso sí aplica). Han sido 33 años que han tenido de todo: alegrías, tristezas, retos, golpes que me han hecho tocar fondo, pero sobre todo, mucho amor y misericordia de Dios, quien JAMÁS me ha abandonado y siempre me ha amado. No soy nada sin Él, y como diría San Pablo, "lo poco bueno que ven en mí es reflejo de Él, no soy yo" (no lo dijo con esas palabras pero la idea es esa). Y ha sido Él quien me ha invitado a soñar en grande, a creer en el amor verdadero, en la felicidad, y no sólo a creer, sino a atreverme a ir tras ello. Hasta el momento, ¡me ha dado mucho más de lo que pude imaginar! Y por ello agradezco todo el camino que he recorrido hasta aquí, con todo y sus cantadas, porque gracias a ello soy quien soy ahora.
Sólo me queda agradecer: Agradecerle a cada persona por su cariño manifestado de diferentes formas en este día y en los demás días del año. De verdad deseo que Dios se los retribuya en bendiciones. ¡Y espero celebrar otro 13 de abril muchas veces más!
Definitivamente, lo que ha evolucionado es la forma de celebrarlo. Siempre me ha gustado "hacer algo", pero con el tiempo todo ha ido cambiando. Desde las piñatas de la niñez hasta las parrandas de la adolescencia y juventud, hasta ahora las idas a comer. Todo lo he disfrutado, sin duda. No sé si me atrevería a decir que este año me siento más agradecida que antes, pero probablemente sí. Es mi segundo cumpleaños como esposa y como mamá, y eso definitivamente es un MEGA plus. Despertar a lado del amor de mi vida, quien me consiente desde un día antes con sus detalles, y a lado de mi colochita hermosa, ¡definitivamente no tiene precio! Es una felicidad que no se compara con nada, y por la que sólo se puede agradecer humildemente a Dios por haber pensado en uno para realizar un proyecto tan maravilloso como lo es construir una familia.
Nunca he ocultado mi edad ni me he avergonzado por ello. (Yo sé que "nunca digas nunca" pero en este caso sí aplica). Han sido 33 años que han tenido de todo: alegrías, tristezas, retos, golpes que me han hecho tocar fondo, pero sobre todo, mucho amor y misericordia de Dios, quien JAMÁS me ha abandonado y siempre me ha amado. No soy nada sin Él, y como diría San Pablo, "lo poco bueno que ven en mí es reflejo de Él, no soy yo" (no lo dijo con esas palabras pero la idea es esa). Y ha sido Él quien me ha invitado a soñar en grande, a creer en el amor verdadero, en la felicidad, y no sólo a creer, sino a atreverme a ir tras ello. Hasta el momento, ¡me ha dado mucho más de lo que pude imaginar! Y por ello agradezco todo el camino que he recorrido hasta aquí, con todo y sus cantadas, porque gracias a ello soy quien soy ahora.
Sólo me queda agradecer: Agradecerle a cada persona por su cariño manifestado de diferentes formas en este día y en los demás días del año. De verdad deseo que Dios se los retribuya en bendiciones. ¡Y espero celebrar otro 13 de abril muchas veces más!
lunes, 28 de marzo de 2016
Hoy encontré a mi antiguo yo
Entre algunos "cachibaches" en mi archivo digital, esta tarde encontré a mi antiguo yo. No me recordaba, para nada, de los archivos que tenía ahí. Definitivamente, solía escribir mucho más. Luego, empecé a conversar más y a escribir menos. Pero definitivamente, escribir es tan relajante y liberador, que tuve que volver a hacerlo.
Fue más liberador aun el leer a mi antiguo yo sin vergüenza, sin rencores, con algunas risas de las cosas que vivía en ese entonces (casi diez años atrás). Y también me liberé de cosas que, quizás en su momento me sirvieron, pero ahora ya no tienen razón para permanecer en mi vida, así que "tuve que" borrar tanto archivo, ahora inútil. También fue muy conmovedor leer el discurso de agradecimiento que dije el día de la Misa de Acción de Gracias cuando me gradué. Pasan los días, los meses, los años, y a veces cae bien detenerse un momento y contemplar el camino recorrido.
Me conmovió más aun encontrar una carta a mi novio, hace casi tres años. Una carta escrita con mucha felicidad y alegría, contenta de la relación hasta ese entonces, a pesar de su prematurez. Pero no me emocionó sólo el cariño y la alegría con las que fue escrita: lo que me emocionó fue que se trata de mi ahora esposo, y de cómo ese amor ha madurado y crecido, cómo esa ilusión inicial se ha convertido en un amor tan sólido como para decir y sentir "esto será para siempre, hasta que la muerte nos una más". Ya con esto, siento que vivir, y amar, han valido la pena, cada día, todos los días.
Gracias a Dios por las memorias puestas por escrito. Permiten repasar lo bueno y malo de la vida, lo que se recuerda y lo que se olvida. Y bueno, quizás esto me devuelva a estos rumbos. Tan bonito que es escribir lo que a uno se le de la gana, ¿o no? ;)
Fue más liberador aun el leer a mi antiguo yo sin vergüenza, sin rencores, con algunas risas de las cosas que vivía en ese entonces (casi diez años atrás). Y también me liberé de cosas que, quizás en su momento me sirvieron, pero ahora ya no tienen razón para permanecer en mi vida, así que "tuve que" borrar tanto archivo, ahora inútil. También fue muy conmovedor leer el discurso de agradecimiento que dije el día de la Misa de Acción de Gracias cuando me gradué. Pasan los días, los meses, los años, y a veces cae bien detenerse un momento y contemplar el camino recorrido.
Me conmovió más aun encontrar una carta a mi novio, hace casi tres años. Una carta escrita con mucha felicidad y alegría, contenta de la relación hasta ese entonces, a pesar de su prematurez. Pero no me emocionó sólo el cariño y la alegría con las que fue escrita: lo que me emocionó fue que se trata de mi ahora esposo, y de cómo ese amor ha madurado y crecido, cómo esa ilusión inicial se ha convertido en un amor tan sólido como para decir y sentir "esto será para siempre, hasta que la muerte nos una más". Ya con esto, siento que vivir, y amar, han valido la pena, cada día, todos los días.
Gracias a Dios por las memorias puestas por escrito. Permiten repasar lo bueno y malo de la vida, lo que se recuerda y lo que se olvida. Y bueno, quizás esto me devuelva a estos rumbos. Tan bonito que es escribir lo que a uno se le de la gana, ¿o no? ;)
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