viernes, 13 de enero de 2017

Confrontación y conflicto

Hace unos días trabajamos con mi esposo un taller para matrimonios junto a nuestra comunidad de parejas. Fue respecto a la confrontación, su título era "confrontación positiva" pero en el mismo taller explicaban cómo eso no existe, y que sólo existe la confrontación como tal. Estuvo bastante interesante el aprendizaje y me llamó tanto la atención que decidí compartirlo, ya que no solo aplica a la vida en pareja sino a toda relación humana, en realidad.

He pensado que el tema es tan trascendental que incluso es a nivel cultural, por lo menos en cuanto a la cultura chapina. Es muy común confundir "confrontación" con pleito, problema, o conflicto. Es decir: Si me expreso honestamente, si expongo mi punto de vista o mi opinión respecto a algo, pienso automáticamente que equivale a un problema. Y eso puede llevarme en muchas ocasiones a "quedarme callada para llevar la fiesta en paz", situación más conocida como "paz barata". ¿Cuánto afecta este pensamiento? Mucho, ¡muchísimo! Porque no soy honesta ni conmigo misma ni con los demás, sólo para "no  armar clavo". Nosotros, el otro día, lo analizamos como matrimonio, pero al hablar de esto con las demás parejas, comentábamos lo común que es en nuestro país que preferimos quedarnos callados en muchas ocasiones para "no incomodar", o para "no hacer más grande el asunto". La realidad es que si tenemos clara la definición de confrontar, deberíamos tener el hábito de decir "esto no me gusta", o "esto no me parece" sin predisponernos a que pensar distinto es sinónimo de "problema". Lo opuesto sería: expresar mis pensamientos/sentimientos de manera respetuosa, sin temor a ser discriminado, con el fin de dialogar, no de causar conflicto. O bien, escuchar al otro sin hacerlo de menos o sin causar conflicto solo por pensar o sentir diferente a mí. 

En nuestro país, pensar diferente generalmente va vinculado a insultos, bullying, discriminación, entre otros. Es muy raro el ambiente, me atrevo a decir, donde la diversidad del pensamiento se considere como RIQUEZA. ¿No sería más sano, más interesante y enriquecedor, si todos aportáramos lo mejor de nosotros mismos, sin tapujos? Diferente no es igual a malo. Es simplemente eso: diferente. Desafortunadamente, algunos hemos crecido en ambientes donde "es mejor no incomodar". 

Como contaba, nosotros ese día lo trabajamos como pareja y reflexionamos lo importante que es decirnos uno al otro lo que verdaderamente pensamos y decimos. Pero creo que esto debe aplicar a las amistades, a las familias, y a todas nuestras relaciones humanas en general. Claro, todo con modo: con respeto y caridad, todo se puede decir. Y como todo hábito: esto es aprendido, es decir, lleva tiempo y trabajo. Pero si tan solo estamos dispuestos, simplemente dispuestos a escuchar sin estar a la defensiva, seguro haremos mucho por nosotros y por los demás. Y a gran escala podemos lograr una sociedad más incluyente, más tolerante, donde la libertad de expresión respetuosa sea algo normal, y no la causa de conflictos.

lunes, 2 de enero de 2017

El peligro de hacer consciente lo inconsciente

No se puede ser la misma persona después de hacer consciente lo inconsciente. Te das cuenta de la importancia de la percepción, de las palabras, de las decisiones “pequeñas” de cada día porque todo tiene una GRAN importancia: la manera en la que te levantas, el tiempo que inviertes en cada cosa, todo tiene su razón de ser y todo tiene sus consecuencias cada día, todos los días.

Si te gusta madrugar o no. Si te gusta lo que haces, donde vives, con quienes convives, el ambiente en el que estás. Todo, todo tiene injerencia en cómo te sientes, en cómo ves la vida y en cómo juzgas a los demás. Si haces tiempo para ti, si cuidas tu cuerpo, si cuidas lo que ves, lo que escuchas, lo que está a tu alcance, lo que comes, si las personas con quienes compartes tu tiempo aportan algo bueno a tu vida, o no. El bienestar ya no parece tan egoísta después de todo, porque en realidad, ¿quién puede dar algo que no tiene? ¿Cómo contribuir a dar algo mejor a este mundo si YO no estoy bien conmigo misma? Si no me parece agradable y satisfactorio lo que hago todos los días, si existo mecánicamente, porque sí, ¿cómo esperar algo bueno de la vida, cómo ser feliz si sólo existo y no vivo?

La belleza de hacer consciente lo inconsciente es descubrir nuestra mejor herramienta: la capacidad de decisión. Dejar de culpar al mundo y su humanidad por lo bueno y lo malo de mi vida, porque en realidad “se cosecha lo que se siembra”. ¿No me gusta algo? Puedo hacer algo al respecto. ¿Me gusta algo? También puedo hacer algo al respecto. Tengo 24 horas cada día y debo escoger cómo invertir ese tiempo. No “me lleva” esta vida: yo escojo cómo vivir. Dios me invita a descubrir y explotar mis talentos, como persona única e inigualable: me invita a hacer algo con ellos, a no enterrarlos ni desperdiciarlos, sino a descubrir mi máximo potencial y compartirlo en servicio con los demás. Por ende, si pretendo desarrollar estos talentos, mi tiempo debe ser dirigido a esto, ¿o no? ¿Para qué invertir tiempo en cosas que me alejen de dicho objetivo? Resulta bastante lógico, en realidad.


No es fácil, pero es posible. El detalle es que mi felicidad depende de ello.