jueves, 20 de septiembre de 2018

Vida caóticamente hermosa

Empecé mi semana retomando mi planificador, intentando ordenar mis ideas y actividades para ir cumpliéndolas durante la semana. Lo he experimentado en el pasado, y escribir lo que quiero y necesito hacer me ayuda mucho a que de verdad pase. Y ésta ha sido una de esas veces en las que planeas algo y te sale todo al revés, o simplemente no logras llegar a donde quieres porque se te atraviesa cualquier cantidad de cosas (mejor opto por reír...) Ser mamá de tres chiquitos definitivamente te llena de aventuras, mucho cansancio pero sobre todo te desafía, te saca de tu zona de confort (aunque sea casi jaloneada, pero que te saca, ¡te saca!).

Según yo, para el día de hoy (jueves), ya iba a tener algunas de mis tareas cumplidas. En lugar de ello, una serie de mocos, neumonías, antibióticos, jarabes, esteroides inhalados, visita al hospital, visitas al pediatra, visita al laboratorio, despertadas en la noche, y muchos abrazos de por medio para animar, se me atravesaron jajajaja... Ay noooo, ¡¿y entonces?! Básicamente mis actividades se fueron por el desagüe. Pero afortunadamente tuve excelentes horas de sueño anoche, y hoy estoy nuevamente retomando mis "tareas de adulta".

Cuando nuestros chiquitos se enferman, no puedo evitar pensar que "siempre puede ser peor": mi chip de medicina se activa y por supuesto sabe que hay casos de casos y que dentro de todo, somos afortunados porque siempre hemos logrado contener los bichos del demonio en casa, aunque eso implique cadenita de enfermos (porque en nuestro caso, o todos enfermos o ninguno...) pero gracias a Dios hasta el momento vamos invictos de hospitalizaciones, lo cual es otro escenario. Siempre pienso en todos los papás a quienes les están tocando enfermedades duras y desgastantes en todo sentido (físico, emocional y económico) y oro por ellos. Agradezco mucho que los Bodoques están estables y compensados dentro de lo que cabe, aunque los "papás Bodoques" terminen algo descompensados temporalmente también.

Agradezco TANTO tener una red de apoyo: nuestros papás y mi prima, quienes con amor les compran nucitas, galletas y jugos para compensar la enfermedad jajajaja... Pero son quienes con su cariño y presencia nos ayudan cuando nuestros planes del día a día se desbaratan porque hay prioridades más importantes. Definitivamente no se puede ser papás solos: se necesita apoyo si uno pretende conservar su sanidad mental.

Si alguno ya empezó a sentirle algo de desprecio al invierno, ¡ánimo, no está solo! Yo también ya lo odio un poquito, pero se pasa.