viernes, 29 de abril de 2016

Si te cansaste de orar a Dios...

Recientemente leí la opinión de un colega quien se expresa cansado de orar a Dios. Cansado y frustrado por tanta corrupción en Guatemala, por la falta de oportunidades para los más pobres, por la falta de acceso a un sistema de salud digno en especial a quien más lo necesita, cansado de buscar remuneración justa por su preparación académica. Cansado de muchas cosas, ha decidido darse por vencido, y manifestar sus pensamientos y sentimientos a través de las letras.

Es válido. Es muy válido para uno como guatemalteco tener todos esos sentimientos y pensamientos derivados de tanta mala noticia que respiramos a diario. ¿Cómo no sentirse así? Sin embargo, me hizo reflexionar, no sólo respecto a mi fe, sino para intentar justificar por qué no estoy de acuerdo con permanecer en esta postura (ojo: digo "permanecer" así, no digo "nunca sentir o pensar" algo negativo sobre mi país, que es muy distinto).

Podría describir mil y una situaciones respecto a lo que esta mal de Guatemala, sé que todos podríamos hacerlo en tan sólo unos segundos: podemos hablar de la política, de la inseguridad, de la violencia, del sistema de educación, de la salud, del congreso, del presidente... Y así, seguir y seguir enumerando problemas y más problemas. Esa es la parte más fácil de vivir en nuestro país, o incluso de ser chapín viviendo fuera: Quejarnos, señalar, juzgar, y finalmente, lamentarnos respecto a lo mal que está todo y todos. Demasiado fácil, ya estamos acostumbrados a ello... Hasta hay comercio en base a ello, ¿o no? Yo les podría describir desde mi perspectiva y mi área de trabajo muchas deficiencias y carencias que he visto, oído, vivido, y seguro cada uno de ustedes podría hacer lo mismo sin mayor dificultad.

Pero, (y ahí viene el "pero") la cuestión es, ¿qué voy a hacer YO al respecto? Desde donde YO estoy, desde lo que hago YO todos los días, con la gente con quienes YO convivo. Este tipo de pensamiento es lo que ha llevado a muchos guatemaltecos y extranjeros a no perder la fe para trabajar en y por Guatemala, a no perder la esperanza, a no perder de vista que, si bien es cierto que no pueden ayudar a los millones de guatemaltecos que existimos, pueden comenzar ayudando a UNO. O quizás dos o tres, o quizás a una familia, o quizás a una pequeña comunidad, o quizás a un pequeño grupo vulnerable, ya sean personas de escasos recursos, o un grupo de personas con una enfermedad o necesidad específica, y así, etcétera, etcétera. Algunos se enfocan en ser buenos periodistas e informar objetivamente y con la verdad; otros en ser buenos bomberos, otros en ser buenos policías, otros en ser buenos ingenieros, otros en ser buenos conserjes... Cada quien con su talento y sus ocupaciones, tiene el deber de intentar ser mejor cada día. ¿No es ya suficiente tarea eso, mejorar algo de uno mismo cada día? Y yo, ¿cuál es mi deber? Mi deber es intentar ser buena en lo que hago: si me toca explicarle a las personas información respecto a su enfermedad, educarlas en salud, motivarlas a tener un estilo de vida sano y a chequearse frecuentemente, pues eso es en lo que me tengo que esmerar. Quizás no pueda darles un sueldo extra para ayudarlos con su situación económica, pero si hago bien MI trabajo, quizás eso ayude a que se puedan prevenir enfermedades en ellos y en su familia. Es sólo un pequeño ejemplo, pero quienes han pensado en grande, ¿a cuántos no han ayudado? ¿Cuántos no se han visto beneficiados por su fuerza de voluntad, por no haberse dado por vencidos? Ahí podríamos enumerar muchos beneficios que los guatemaltecos resilientes han logrado: desde nuestros artistas y deportistas, pasando por muchos héroes anónimos que trabajan en comunidades pobres todos los días, en hospitales, cárceles, escuelas, entidades públicas y privadas, gente que ha creado proyectos con enfoque a servir a los demás, y quienes no han visto a los corruptos y a las carencias como obstáculos, sino como escalones para desafiar y superar. Sí, también hay cosas y gente buena que ha decidido serlo a pesar de todo lo malo que hay.

El colega menciona que tuvo la oportunidad de prepararse en el extranjero y que regresó a su país con mucha ilusión por trabajar, siendo progresivamente desmotivado con los años que ha ido ejerciendo. No sé qué especialidad estudió, cuánto tiempo, ni qué sacrificios hizo para llegar a donde está. Independientemente de ello, eso lo hace el menos del 1% que tiene acceso a educación de ese nivel en nuestro país. Esto no sólo es un privilegio, dadas las circunstancias, sino una gran responsabilidad, no sólo en medicina, sino en cualquier campo.

Las cartas están sobre la mesa: la situación de Guatemala es ésta. ¿Tiene que seguir igual porque "así ha sido siempre"? No precisamente. Soy yo quien decide cómo actuar frente a ello, cada día. De mí depende si me molesta, o me pela. Si en mi metro cuadrado hago algo al respecto, o no. Si me indigna y me mueve la situación del necesitado, o no. Si me dejo contaminar por la corrupción, o no. Si utilizo mis conocimientos para bien, o no. Y así, son muchas las decisiones que tomamos cada día, cada hora, con nuestras acciones. Unos días quizás tomamos mejores decisiones que otros, pero cada día podemos volver a decidir. Y en eso, Dios no se mete. Dios nos ha dado el libre albedrío. Él nos puede sugerir un estilo de vida, pero a la hora de la hora, es cada uno quien decide si tomarlo o no. Por ende, Él no es responsable de nuestras malas decisiones: somos nosotros. Él no es responsable si las personas deciden involucrarse en corrupción, violencia, vicios, etc. Eso es reflejo de la ausencia de Dios en esas vidas, y cada uno es responsable de sus situaciones. Por eso, lo primero por lo que debo preocuparme no son las decisiones de los demás, sino lo que YO decido hacer todos los días de mi vida, conmigo misma y con los demás.

¿Y si te cansaste de orar? Bueno, entonces hay que reflexionar para qué se está orando. ¿No será que es para atribuirle a otros el cambio que debe comenzar en mí? ¿Por exigir de otros lo que yo misma no hago? ¿Porque no he sabido identificar los milagros que hay a diario? ¿O porque creo en un Dios instantáneo y "mágico" que sólo debe hacer lo que yo quiero?... Dios actúa a través de nosotros, lo milagros suceden a través de hombres y mujeres de buena voluntad que son Su instrumento, si lo permitimos. Hace muchos años, le preguntaron a la Sta. Madre Teresa de Calcuta: "¿Qué cambiarías de la Iglesia?" (La taaaan criticada Iglesia...) Y ella, sabiamente, respondió: "Me cambiaría a mí misma". Gran lección en tan simple y corta respuesta. Dios no es el culpable de nuestra pobreza, de la corrupción, la violencia y tantas cosas en nuestro país: las causas son profundas, crónicas y complejas, y son responsabilidad de los seres humanos, precisamente por no tomar en cuenta a Dios en sus vidas.

Así como la corrupción, la violencia, y tantas cosas malas son contagiosas y forman círculos viciosos, también hay círculos virtuosos. De cada uno depende en cuál se quiera participar. Cada uno decide qué hacer con sus virtudes y con sus debilidades. No podemos cambiar a los demás, pero sí puedo trabajar en mí. Guatemala necesita urgentemente personas que estén dispuestas a dar lo mejor de sí mismos, en todo ámbito. De cada uno depende decidir si quedarse con los sabores amargos de nuestra situación nacional, o ser resilientes al respecto. Así que la invitación es esa, y cada quien decidirá cómo actuar.

miércoles, 13 de abril de 2016

Mis primeros 33

¡Hoy ando con mi corazón más contento que de costumbre! ¡Cumplo mis primeros 33! Mis "primeros" porque espero que Dios me conceda mínimo otros 33 más... Siempre me ha gustado mi cumpleaños: celebrar un año más de vida, recibir tanto cariño, ponerme en contacto con gente con quienes tal vez mi relación ya no es tan cercana pero que han sido importantes en mi vida, celebrar, pasarla bien, ¡¿cómo no va a ser alegre?!
Definitivamente, lo que ha evolucionado es la forma de celebrarlo. Siempre me ha gustado "hacer algo", pero con el tiempo todo ha ido cambiando. Desde las piñatas de la niñez hasta las parrandas de la adolescencia y juventud, hasta ahora las idas a comer. Todo lo he disfrutado, sin duda. No sé si me atrevería a decir que este año me siento más agradecida que antes, pero probablemente sí. Es mi segundo cumpleaños como esposa y como mamá, y eso definitivamente es un MEGA plus. Despertar a lado del amor de mi vida, quien me consiente desde un día antes con sus detalles, y a lado de mi colochita hermosa, ¡definitivamente no tiene precio! Es una felicidad que no se compara con nada, y por la que sólo se puede agradecer humildemente a Dios por haber pensado en uno para realizar un proyecto tan maravilloso como lo es construir una familia.
Nunca he ocultado mi edad ni me he avergonzado por ello. (Yo sé que "nunca digas nunca" pero en este caso sí aplica). Han sido 33 años que han tenido de todo: alegrías, tristezas, retos, golpes que me han hecho tocar fondo, pero sobre todo, mucho amor y misericordia de Dios, quien JAMÁS me ha abandonado y siempre me ha amado. No soy nada sin Él, y como diría San Pablo, "lo poco bueno que ven en mí es reflejo de Él, no soy yo" (no lo dijo con esas palabras pero la idea es esa). Y ha sido Él quien me ha invitado a soñar en grande, a creer en el amor verdadero, en la felicidad, y no sólo a creer, sino a atreverme a ir tras ello. Hasta el momento, ¡me ha dado mucho más de lo que pude imaginar! Y por ello agradezco todo el camino que he recorrido hasta aquí, con todo y sus cantadas, porque gracias a ello soy quien soy ahora.
Sólo me queda agradecer: Agradecerle a cada persona por su cariño manifestado de diferentes formas en este día y en los demás días del año. De verdad deseo que Dios se los retribuya en bendiciones. ¡Y espero celebrar otro 13 de abril muchas veces más!