Han pasado casi siete meses desde que naciste, ocho meses más estuviste en mi pancita. Es difícil encerrar en palabras todo el torbellino de pensamientos y sentimientos desde que supe que estabas ahí, aquí. Es un verdadero milagro, un privilegio, verte crecer. Desde que eras un puntito (literalmente) y ya eres toda una... Bebé (jajajaja...). Apenas eres una bebé y yo ya estoy pensando estas cosas, pero de veras que mi cerebro se queda corto tratando de asimilar que es una vida humana la que se nos ha confiado. Es increíble ver tu desarrollo día a día, las sonrisas y pucheros que nos regalas, las peticiones ocasionales con llanto, los sonidos que dices poco a poco. Verte y sentirte dormida en mis brazos me da TANTA paz. El esfuerzo por alimentarte con mi pecho se hace corto y muy valioso cuando te siento cerquita y feliz. Ver cómo poco a poco tu peso y tu tamaño se van modificando, ¡ya no cabes igual que hace tan solo unos pocos meses! Ya has cambiado talla de ropa (más de una vez), ya duermes en tu cuarto... En fin, vas creciendo frente a nuestros ojos y no dejas de asombrarme.
Día a día le damos gracias a Dios por tu vida, y le pedimos sabiduría para amarte y cuidarte. Haces que quiera ser mejor persona, me ayudas a no ser egoísta y a salir de mi comodidad. Me llena de felicidad (y asombro) el verte y saberte reflejo del amor que nos tenemos con mi persona favorita. Siempre será un honor, mi privilegio, ser tu mamá.
Te amo, Gabriela. Eres una hermosa muestra del cielo en la tierra.